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Día 17

Día 17

Hace tres semanas, cuando iba a empezar el Camino de Santiago conocí a Maurice. Un voluntario de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Saint Jean Pied de Port, Francia. Me dijo algo cuando se despedía que me encantó… “Ariel, la magia existe, y si abres tu corazón, te encontrará en el camino. Deja que haga su trabajo”. Esa noche la magia me encontró. No había ni un lugar disponible en los albergues y Adine, una francesa que hizo el camino 26 veces me dio alojamiento en su casa. Cuando le pregunté que le debía, me dijo que nada. Que cuando pueda, haga lo mismo por alguien más. Que no me faltarían oportunidades de hacer algo por alguien en el camino. Y así fue…

Hoy salí muy temprano… Demasiado para mi linterna que a media hora de andar se quedo completamente seca de baterías. Ya pasaron más de 15 horas. Ya estoy en el albergue y sólo quedan poco más de 5km a Santiago. Fiel a la tradición, empezare el día a las 7 y llegaré a media mañana a la oficina del peregrino para recoger “La Compostela”. El certificado que acredita que un peregrino ha hecho el camino. A las 12, estaré en la Catedral de Santiago para la misa del peregrino. No soy Católico, no soy religioso, pero es una ceremonia que quiero ver.

Cuando faltaban poco mas de 20km a Santiago, me detuve en Santa Irene. Quería tomar algo y seguir. Ya tenía 30km recorridos y me estaban doliendo mucho los pies. Me pedí un agua mineral bien fría y mientras me la tomaba, me quede mirando la cita en la tapa de un libro. “La casualidad es el pseudónimo de Dios cuando no quiere firmar”. Y me encantó, Así que agarré el libro y le saque una foto. Tenía la intensión de pedirlo cuando llegara a casa. Pague el agua y me giré para irme. En es momento me gritan… Eh! Peregrino! No te dejes el libro! Volví a girarme y era Walter, ahí, en carne y hueso, en el medio de la nada. Walter es el autor de “La Soledad Compartida” un libro que sólo vas a poder leer si el te lo regala. O te lo regala alguien a quien el se lo haya regalado. Porque así funciona la magia. Debe pasarse de unos a otros. Me dijo que me lo llevara, me lo dedicó y me despido con un abrazo.

Walter es como Pablito, ese hombre de Azqueta que te ve pasar desde su casa y te enseña a usar el bastón para caminar. O te da uno si el que tienes no sirve. Los hace el, con raíces de avellanos, y lleva muchos, muchos bastones dados. Porque como dice él, no es lo mismo dar que regalar.

O la hija de Doña Felisa, entre Viana y Virgen de las Cuevas, justo antes de llegar a Logroño, que cuenta cada uno de los peregrinos que pasa por su puerta, les pone el sello en la credencial y les regala una bolsa de higos. Tradición que ya cumplia su madre, y la madre de ella.

Parte de la tradición de llegar a Santiago tiene que ver con subir el Monte do Gozo (Monxoi). Una tarea titánica después de una jornada normal, así que imagínense después de catorce horas de caminata. Pero ahí estuve. Y me emocione como tantos otros al ver desde lejos la meta. Y volví a sentir la magia. Esa magia que pienso repetir el año que viene. Pero mucho más relajado. Haciendo los kilometros justos para disfrutara cada centímetro del camino como toca. Sin prisas.

Mañana estaré en Santiago. Mientras tanto, toca descansar y reponer fuerzas. Feliz miércoles para [email protected]!

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